OCTUBRE: CUANDO TODO QUIERE CONVERTIRSE NEGRO O BLANCO
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- 7 oct 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 12 oct 2025

Llega octubre, empiezan las campañas de cara a las elecciones en varios países y, sin duda, se instala la 𝘱𝘰𝘭𝘢𝘳𝘪𝘻𝘢𝘤𝘪ó𝘯.
De pronto, el mundo dividido que vemos en la consulta pega un salto y se sale del espacio protegido en que lo podemos nominar y pensar en intentar integrar: se apodera de la realidad, pasa su manto de división sobre nuestras espaldas y allí vamos de nuevo.
Vuelven las frases cortas, las promesas rotundas, los gestos que se leen como señales, las mentiras que te intentan atraer.
𝘠 𝘢𝘭𝘨𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘣𝘦𝘻𝘢 𝘩𝘢𝘤𝘦 𝘤𝘭𝘪𝘤: 𝘥𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘴𝘵á𝘯 “𝘭𝘰𝘴 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘰𝘴”, 𝘥𝘦𝘭 𝘰𝘵𝘳𝘰 “𝘭𝘰𝘴 𝘮𝘢𝘭𝘰𝘴”. 𝘖𝘳𝘥𝘦𝘯 𝘴𝘦𝘯𝘤𝘪𝘭𝘭𝘰, 𝘢𝘭𝘪𝘷𝘪𝘰 𝘪𝘯𝘮𝘦𝘥𝘪𝘢𝘵𝘰. 𝘌𝘭 𝘮𝘪𝘦𝘥𝘰 𝘴𝘦 𝘤𝘢𝘭𝘮𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘶𝘯 𝘳𝘢𝘵𝘰 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘢 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘴𝘦 𝘥𝘪𝘷𝘪𝘥𝘦 𝘦𝘯 𝘥𝘰𝘴.
Pero ese atajo tiene costo. Los matices desaparecen, la curiosidad se encoge y el otro se vuelve caricatura. Las miradas dejan de encontrarse; solo chocan. En casa, en el trabajo, en la calle y en las pantallas, cualquier ambigüedad se interpreta como traición y cualquier pregunta como un ataque.
𝘌𝘴 𝘵𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰𝘳, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘪𝘮𝘱𝘭𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢. 𝘛𝘢𝘮𝘣𝘪é𝘯 𝘦𝘮𝘱𝘰𝘣𝘳𝘦𝘤𝘦, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘢𝘤𝘩𝘪𝘤𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘥𝘦𝘯𝘵𝘳𝘰.
No se trata de renunciar a convicciones, se trata de recordar que casi nada humano cabe en una sola etiqueta. Que un “sí, pero…” no equivale a tibieza, sino a complejidad. Que detrás de los eslóganes hay historias, dolores y temores parecidos a los propios, aunque no pensemos igual.
Nombrar sin nombrar ayuda: reconocer que en semanas como estas la mente empuja a elegir bando total y que, si logramos aflojar un poco ese impulso, la conversación respira. No es ingenuidad: es una forma de cuidarnos.
𝗣𝗼𝗿𝗾𝘂𝗲 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝘃𝗲𝗿 𝗷𝘂𝗲𝗰𝗲𝘀 𝘆 𝗲𝗻𝗲𝗺𝗶𝗴𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗲𝘀𝗾𝘂𝗶𝗻𝗮, 𝘃𝘂𝗲𝗹𝘃𝗲 𝗮 𝗮𝗽𝗮𝗿𝗲𝗰𝗲𝗿 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲 𝘆 𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿𝗼𝘀𝗼: 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿𝗻𝗼𝘀, 𝗶𝗻𝗰𝗹𝘂𝘀𝗼 𝗲𝗻 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗼.



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