top of page

SUICIALIDAD CRÓNICA

  • Foto del escritor: BeTwo Partner Estratégico
    BeTwo Partner Estratégico
  • 7 oct 2025
  • 1 Min. de lectura


"𝘕𝘰 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘱𝘳𝘦𝘥𝘦𝘤𝘪𝘳 𝘲𝘶𝘪é𝘯 𝘢𝘤𝘢𝘣𝘢𝘳á 𝘦𝘭𝘪𝘨𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 𝘮𝘰𝘳𝘪𝘳. 𝘌𝘭 𝘳𝘦𝘴𝘶𝘭𝘵𝘢𝘥𝘰, 𝘺𝘢 𝘴𝘦𝘢 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘥𝘢 𝘰 𝘭𝘢 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦, 𝘯𝘰 𝘦𝘴𝘵á 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘰𝘭. 𝘚𝘢𝘣𝘦𝘳 𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘦 𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘢𝘳𝘯𝘰𝘴...".


Joel Paris, profesor del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de McGill, lo recuerda sin eufemismos: en el TLP la suicidalidad es, muchas veces, una cuestión de vida o muerte. Leer cifras (5–10%) encoge el pecho.


Y sí: hay terapeutas que no toman estos casos porque temen quedar atrapados o ser responsables si algo pasa.


𝗘𝘀𝗲 𝗺𝗶𝗲𝗱𝗼 𝗲𝘅𝗶𝘀𝘁𝗲. 𝗬𝗼 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗹𝗼 𝗵𝗲 𝘀𝗲𝗻𝘁𝗶𝗱𝗼.


Para mí, lo humano empieza por nombrarlo, por pensarlo: “tengo miedo y vamos a trabajar juntos igual con método y con límites”.

En sesión, bajar una marcha y mirar lo que ocurre entre nosotros ayuda a que la amenaza se vuelva mensaje: ¿qué se intenta proteger?, ¿qué cercanía asusta?, ¿qué guión se repite?


En lo operativo, no hay heroicidades: hay presencia sostenida, un encuadre claro, un plan cuando el riesgo sube y supervisión o interconsulta como parte del trabajo, no como excepción.

Con las familias, sacar el tema del silencio —acompañar, ordenar, no culpabilizar— es también parte del trabajo.


Y una nota práctica: el “contrato antisuicida” no reemplaza el plan de seguridad ni el juicio clínico; puede ser complementario, no sustitutivo.


Al final, 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝘁𝗿𝗮𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗽𝗿𝗼𝗳𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀 “𝘀𝗶𝗻 𝗺𝗶𝗲𝗱𝗼”, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗻𝗼 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗿𝗻𝗼𝘀 𝘀𝗼𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝘀𝗲 𝗺𝗶𝗲𝗱𝗼: 𝗽𝗮𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲, 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮 𝘆 𝗲𝗾𝘂𝗶𝗽𝗼, cada uno en su lugar, compartiendo la carga.

A veces el primer cambio es ese: pasar de controlar a pedir; de callar a decir.

Y ahí empieza a haber un poquito más de vida.


Como terapeuta, ¿has sentido ese miedo?


 
 
 

Comentarios


bottom of page